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Viernes 29 de Agosto de 2014

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Estás aquí Lucero Villagarcía ¿Es suficiente para el pisco ser peruano?

¿Es suficiente para el pisco ser peruano?

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Nota del director: El siguiente artículo, escrito por dos especialistas en materia pisquera, pone el dedo sobre la llaga en uno de los aspectos sobre los cuales se calla por un malentendido espíritu de cuerpo (los trapos sucios se lavan en casa) e invocando siempre el cuidado frente al “enemigo” (léase Chile): circulan dentro y fuera del país, con denominación de origen, piscos también muy malos.

Escriben Lucero Villagarcía y Hans Hillburg

Ahora que nos encontramos en la era de la globalización, la oferta de productos es infinita. Por ello, nuestra capacidad de elección se ha incrementado también infinitamente. En ese sentido, el hecho que el pisco es peruano ya no debería, de ninguna manera, ser la razón que nos lleve a comprar una botella de nuestro destilado, sino la garantía de que vamos a encontrar en esta bebida toda la magia que solo un buen pisco puede dar.

No cabe duda que nuestro aguardiente es maravilloso, versátil, con un cuerpo inmejorable para la coctelería, con aromas y sabores absolutamente cautivadores que le dan a cada coctel un toque especial. Que es ideal para tomarlo puro, para acompañar un postre o como un ingrediente de lujo en la cocina… pero sólo cuando está bien elaborado.

En una reciente nota aparecida esta semana en el diario de negocios Gestión, Rafael Picasso Salinas, director de la Bodega Vista Alegre, manifiesta su preocupación, ya que según sostiene el 80 por ciento del pisco que se comercializa en nuestro país es adulterado. Esta preocupación es la misma que ya se manifestaba en el año 2004, en el estudio “La uva y el pisco, potencialidades productivas”, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Centro de Innovación Tecnológica – Citevid, en el que identifica como una seria amenaza para el pisco la competencia desleal que significa la adulteración.

Sin embargo, la adulteración no es la única amenaza con la que tiene que lidiar el pisco y las bodegas que trabajan su producto de manera honesta, con absoluta dedicación y pasión: también lo es ese gran porcentaje de piscos mal elaborados, que no cumplen con lo establecido en el punto 7 de la Norma Técnica del Pisco, y que cuentan con la respectiva autorización de uso de la D.O. otorgada por Indecopi. Estos destilados los encontramos en los supermercados, bares, restaurantes y hoteles del país, y lamentablemente son precisamente los que más se exportan.

Es el momento de dejar de creer que para preparar un cóctel hay que comprar cualquier pisco, el más barato. Desafortunadamente, ésta es una práctica común, incluso, de muchos restaurantes y hoteles, que compran cualquier producto que al mezclarlo con frutas, azúcar y licores esconden sus tremendos defectos. Una muestra es el infame “pisco sour de cortesía”, que en muchos casos hasta hace daño a la salud, y lo que es peor, son el primer contacto que los turistas tienen con el pisco… por supuesto, también el último.

Actualmente existen productos adulterados que se hacen llamar pisco, pero también piscos de mala calidad que cuentan con la autorización del uso de la denominación de origen. Estos productos están atentando contra nuestro destilado, contra nuestro patrimonio nacional, y son los que nos deben generar muchas más preocupación que la que genera nuestro vecino país.

Si no existe una instancia que pueda proteger actualmente al consumidor para que acceda solamente a piscos de calidad, lo que nos toca es convertirnos en consumidores exigentes, con la capacidad de identificar un buen pisco de un mal pisco, o peor aún, un producto adulterado. Sólo es cuestión de poner un poco más de atención, de desarrollar un poco nuestros sentidos. El peruano se caracteriza por tener un buen paladar; por lo tanto, no tenemos excusa. Así, que ya es hora de que la industria del pisco dé un giro hacia la calidad y esto, por ahora, está en manos del consumidor.

Comentarios (1)add
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Escrito por Soledad Marroquín , noviembre 03, 2010
Excelente artículo sobre un problema que nos viene ahogando hace años. Muy bien planteado pero con una fragilidad en plantear alguna propuesta de solución del problema más allá de sólo desarrollar más los sentidos.

El papel de los consumidores de pisco en exigir producto de calidad debe ser contundente. Denunciemos los piscos malos. Aquellos que tiran abajo lo que se va avanzando. Es hora de hacerlo. ¿Cuál y cómo sería el espacio ideal para hacerlo?


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