Luego de que el 27F dejara pérdidas por 125 millones de litros, equivalentes a US$ 250 millones, según Vinos de Chile, se entiende por qué la reunión resultaba vital para quienes toman las decisiones en la industria del vino.
Es que el rubro estaba en shock. Cerca de un cuarto de la capacidad de guarda en acero inoxidable, la tecnología más ocupada en la actualidad, había resultado dañada. Los viñateros habían descubierto que tenían un talón de Aquiles importante.
Sin embargo, en vez de ocultarlo, los viñateros iniciaron un proyecto inédito en la cultura empresarial chilena. Las compañías del sector dieron acceso a sus instalaciones a investigadores externos, contratados por los consorcios tecnológicos Tecnovid y Vinnova, para estudiar sus problemas.
“El terremoto es una oportunidad enorme. Podemos sacar lecciones de qué sirvió o qué no lo hizo, eso nos ayuda a tomar decisiones de inversión. Como estamos en un país sísmico es seguro que vamos a enfrentar nuevamente terremotos en el futuro. No tiene sentido que una viña quiera ocultar sus problemas”, afirma Patricio Middleton, presidente de Tecnovid.
Los resultados
Una de las primeras sorpresas cuando los viñateros pusieron manos a la obra es que en el mundo no existe experiencia de tecnología vinícola antisísimica.
“Una de nuestras primeras tareas fue ver qué había en el exterior, con la idea de traer esos avances a Chile y nos dimos cuenta de que no había normativas antisísmicas en instalaciones viñateras, ni siquiera en California. Las principales zonas productivas del mundo no tienen movimientos telúricos significativos, por lo que no se han preocupado de ese problema”, afirma Elena Carretero, gerenta de Tecnovid y Vinnova.
Es decir, los viñateros chilenos tendrían que hacer camino al andar. El paso inicial fue contratar a un grupo de profesores de ingeniería estructural de las universidades de Chile, Católica y de Los Andes.
A los tres grupos se les asignaron una parte de las 53 instalaciones vinícolas que participarían en el estudio. Las inspecciones se realizaron entre abril y mayo. La reunión de junio fue la ocasión que tuvieron los investigadores para divulgar las primeras pistas recabadas.
Los hallazgos son llamativos. Uno que sorprendió a moros y cristianos es que las cubas de cemento, el estándar antes de la modernización de vino chileno a partir de los años 90, resistieron casi sin problemas. Punto a favor de la tecnología de los abuelos. (Ricardo Brizuela / Diario del Vino)
Bodegas chilenas sacan lecciones del terremoto
















