Arequipa, la ciudad ya no tan blanca

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Texto y fotos: Jorge Thomas N. / jthomas@layemadelgusto.com

 

Visité Arequipa, tierra de una parte de mis ancestros maternos, luego de más de 20 años y tras algunos tropiezos luego del mal clima de asoló la ciudad como buena parte del Perú desde enero pasado.

Tenía mucha ilusión, ya que mi primera visita según lo que yo recordaba me había cautivado sobremanera a la que es para muchos la segunda capital del Perú.

Sus bellas y pintorescas picanterías con su deliciosa comida – qué duda cabe – sus paisajes de postal y su entrañable gente, entre otros cientos de detalles, le daban una imagen que solo evocaba gratos momentos.

 

CONTRASTES

picanterías habían crecido, muchas de ellas hasta convertirse en espacios más parecidos a salones de baile o de conciertos, sus pobladores antes mayoritariamente locales eran de diversos orígenes principalmente de Puno, Cusco, Tacna y Moquegua.

Por suerte, la comida en Arequipa nunca decepciona. En los restaurantes típicos como La Luciana o La Nueva Palomino, la deliciosa sazón y la generosidad de las porciones hacen que el paladar se vea reconfortado sobremanera.

En otros lugares como Zigzag, de hecho uno de los mejores que ofrece lo que podríamos llamar la nueva cocina arequipeña, están a la altura de sus predecesores, con platos elaborados con una visión contemporánea, pero empleando la voluptuosidad de los ingredientes que la tierra ofrece.

En cuanto a las bebidas, si bien es cierto en muchos lugares se ofrecen piscos de diversos orígenes que no vale la pena mencionar, por suerte en muchos otros (la gran mayoría), lucen orgullosos en sus barras gloriosos piscos principalmente de Majes y Caravelí, que en chilcanos, sours o puros, son ejemplos de una producción correcta y de exportación. Destacan largamente clásicos como la Casona del Pisco, el Vikingo o el Museo del Pisco.

 

UNA GRIS REALIDAD

En esta oportunidad, mi bella acompañante y yo, decidimos no sumarle otros destinos a nuestro periplo que opaquen este esperado reencuentro y solo dedicarnos a la gloriosa y rebelde Arequipa.

Debemos mencionar que los museos como el Monasterio de Santa Catalina, la Mansión del Fundador o el Museo Santuario de Altura del Sur Andino de la Universidad Católica de Santa María de Arequipa están en excelentes condiciones y ofrecen guías de primera con información más allá de la que se encuentra de los libros.

La ciudad, sin embargo, más allá de los paisajes de ensueño, aún conserva un espíritu casi pueblerino, lejos del devaneo y brutalismo del crecimiento urbano de Lima.

Nos llamó también la atención por su percudida apariencia. El smog producto de un creciente e indiscriminado crecimiento del mercado automotor, han teñido a la otrora ciudad blanca de un gris casi limeño, aunque hay que admitir que la limpieza que aún conserva la ciudad y el cuidado por sus monumentos históricos, ya quisiéramos tenerlos los capitalinos.

Es sin lugar a dudas uno de los destinos más deliciosos y enriquecedores para recorrer, con sorpresas a cada rincón, por encima de los atractivos de la periferia, tiene un peso específico que los viajeros debemos valorar y aprovechar. Gracias, Arequipa, te queremos aún gris.