Escribe Dr. József Kosárka / Desde Colli del Tronto, Italia especial para LYG

El otoño es la época del año que trae consigo el cambio de paisaje. Se nota principalmente en la vegetación de las laderas que se encienden con los colores intensos – rojo, amarillo, naranja, marrón – que la irradian. Esto tiene su encanto y cuando uno pasa por una zona donde olivos bien cuidados y viñedos recién vendimiados dan una auténtica lección de convivencia, se lo disfruta sobremanera.

 


Ciertamente, uno de los lindos lugares para aprovechar las bondades que la naturaleza ofrece en Italia, es Ascoli Piceno que quizás no haya recibido todavía la atención que aparentemente merece. Esto se refiere también a sus vinos elaborados con variedades tradicionales que se distinguen por la autenticidad que les confiere su origen.

Esta provincia se encuentra en la parte centro-oriental del país, en la región de Las Marcas (Le Marche) cuyo relieve es dominado de norte a sur por la cadena de los montes Apeninos que se va transformando en suaves colinas hasta llegar a la costa del Adriático. (Estas abarcan las dos tercera partes de la superficie total de 9.694 kilómetros cuadrados. Población: 1,53 millones de habitantes).

El paisaje se ve interrumpido por amplios barrancos con ríos cortos y por llanuras aluviales cercanas a nivel del mar. El clima es mediterráneo continental con variaciones de temperatura y lluvia regulares según la estación. En la costa la influencia del mar disminuye los contrastes térmicos. El invierno es duro con la posibilidad de nevadas en las zonas montañosas y de grados considerablemente bajos en las de colinas internas. El terreno está conformado por suelos arenosos y arcillosos con buena capacidad catiónica para el uso limitado de fertilizantes.

La de Las Marcas se enorgullece por su larga historia y rico patrimonio marcados por la
presencia de galos y griegos en tiempos remotos y también de romanos que la integraban en su imperio en el primer siglo antes del Cristo. Posteriormente fue invadida por los godos y luego formó parte del territorio periférico bizantino. Por un corto período estuvo en posesión de los lombardos hasta que la conquistó Carlomagno, el rey de los francos. En la Alta Edad Media se adquiere el nombre de Marca de Ancona y llega a ser una entidad del Sacro Imperio Romano Germánico.

Durante el Renacimiento hubo mucha rivalidad entre las familias nobles hasta que
las ciudades entraron en los Estados Pontificios. En el Resurgimiento participó en la
lucha por unir los diversos estados de la península cuya batalla final se dio en su
territorio (Castelfidardo, 1860) que ha sido seguido por un plebiscito favorable para
establecer el Reino de Italia.

En cuanto a la historia de la vitivinicultura en las tierras de Pecino, el inicio de ésta se remonta a tiempos precristianos y se encuentra vinculado con su colonización por los griegos y los etruscos. Hay evidencias que los romanos afianzaron la práctica del cultivo de la vid en los lugares donde ésta exhibía sus mejores cualidades y de tal manera que Plinio el Viejo, el gran científico de su época, las elogiaba en su monumental obra  “Naturalis Historia” también. Cinco siglos más tarde Andrea Bacci, una figura clave en la historia de la enología italiana ha dedicado un capitulo de su libro “De naturale vinorum historia de vinis Italiae” a los vinos locales que se caracterizaban por ser poderosos. En el período en que el sistema de la “mezzadría” constituyó la base de la producción agraria, el vino ha realizado doble función: formaba parte casi íntegra de la dieta de los campesinos y sirvió para que se
desarrollara trueque de mercancías lo que ha propiciado con frecuencia primar la cantidad sobre la calidad. (Se trataba de un contrato en virtud del cual el dueño de una finca y una familia rural se asociaron para el cultivo y posterior reparto acordado de la cosecha).

Como ocurrió casi en la totalidad de los viñedos europeos, a finales del siglo XIX, los viñedos de Pecino también fueron devastados por la plaga filoxérica que se superó gracias a portainjertos americanos y, en consecuencia, el proceso de renovación trajo consigo la extensión de variedades y el cambio de tecnología. Las autóctonas quedaron relegadas a un segundo plano por varios decenios y fue solo en los años 80 cuando algunos productores descubrieron en ellas el potencial para la elaboración de vinos novedosos y genuinos que proponen curiosidad y personalidad.

En la actualidad, Las Marcas cuenta con unas 18 mil hectáreas de viñedo y en el 2018
se ha producido 950 mil hectolitros de vino (blancos: 45%, tintos y rosados: 55%) que supone un aumento de 20% con respecto a la campaña anterior. En la zona productora de Piceno el viñedo cubre alrededor de 8.500 hectáreas y los 600 mil hectolitros de vino elaborados en promedio anualmente a partir de la uva vendimiada se reparten en 45% de las categorías de calidad más altas (DOCG Offida/Pecorino, Passerina, Rosso; DOC Falerio, DOC Terra di Offida, DOC Rosso Piceno/ Rosso Piceno Superiore). Las variedades más extensamente cultivadas son las tintas Montepulciano y Sangiovese y la blanca Verdicchio que representan más de la mitad de la superficie del viñedo regional. No obstante, en tiempos recientes la recuperación de variedades antiguas autóctonas está en el punto de mira de muchas bodegas y se nota un creciente interés del consumidor por descubrir la notable calidad y el potencial de éstas. Se podría afirmar, sin mucho riesgo a equivocarse,
que tales son las blancas Passerina y Pecorino que ya se han convertido en una auténtica seña de identidad de Piceno. (En total, entre 2014 y 2017, las ventas a nivel nacional de los vinos producidos a base de éstas han aumentado un 92% y 55%, respectivamente).  La superficie total dedicada al cultivo de cada una apenas ronda las 400 hectáreas, sin embargo, un mayor número de bodegas viene prestando mayor atención a plantar nuevas parras y vinificar la uva adecuadamente.

Al visitar la provincia permite no solo conocer más en profundidad sus vinos creados
con pasión sino también sumergirse en los aspectos de trabajo y vida cotidiana de
su gente que ha apostado por un cuidado responsable de los viñedos y del entorno
natural.

La bodega familiar Le Caná, que se sitúa en un entorno idílico (Carassai/Ascoli
Piceno) y posee 25 hectáreas de viñedo propio repartidas en dos valles (Solagne,
Davore), puede ser un referente de elaboración de vino artesano de excelente calidad con enfoque naturalista. Se trata de un proyecto que se originó en el sueño del abuelo quien emigró a Argentina y hace casi un siglo ha regresado a plantar vides en su pueblito natal. Los descendientes de cuarta generación de los Polini (tres hermanos) trabajan con las tres variedades mayoritarias locales y en menores cantidades también con las Cabernet Sauvignon y Merlot a cuya base producen cinco diferentes vinos (3 tintos, 2 blancos).  Sus Offida Pecorino Davor DOCG y Offida Passerina Solagne DOCG expresan las mejores cualidades de la variedad y el especial cuidado puesto por el enólogo en crearlos. Ambos son intensos y ricos, tienen la acidez perfectamente ensamblada que aporta gran viveza, revelan notas a fruta tropical y dan paso a un final  elegante.

La familia Bartolomei ha fundado su bodega Ciú Ciú enclavada entre colinas onduladas de la campiña (Borgo Miriam/Offida) hace medio siglo y su  andadura  ha evolucionado en la búsqueda de la perfección a través de la conjugación entre fidelidad a la tradición y adopción de las nuevas tecnologías. Hoy en día cuenta con una extensión total de 150 hectáreas de viñedo en las que se cultiva  más de media docena de variedades incluyendo varias que mayor presencia tienen en la zona y también la rara Lacrima (Morro d’Alba). Su gama de vinos abarca 7 tintos, 5 blancos, 1 rosado y 3 espumosos que representan una apuesta por transmitir la singularidad de la tierra de la que procede y la pureza de las variedades cultivadas con esmero.

Sus Merlettaie Brut (Pecorino) y Alta Marea Brut (Passerina) se caracterizan por frescura y sutileza, proporcionan vitalidad en el paladar con un gracioso destello de acidez y burbujas bastante cremosas, se distinguen con su redondez y tienen final exótico en sus aromas frutales.

Los vinos y la comida locales se combinan perfectamente en Piceno también. Un Pecorino o Passerina proveniente de bodegas que lo elaboran con dedicación y mimo acompaña muy bien al plato “aceitunas rellanas a la ascolana” (olive all’ ascolana) que se prepara usando como base aquellas muy tiernas que crecen en la zona. Se las deshuesan y rellenan de carne molida condimentada para freír que vaya desde una entrada  hasta un plato fuerte en la mayoría de los restaurantes.

Por ejemplo, el productor de aceitunas Gregori (Azienda Agricola Olive Gregori, Minalto delle Marche) las cultiva y elabora de la manera más natural y con excelente calidad. Su olivar es cuidado con respeto al medio ambiente y de ello se obtiene tanto aceite de oliva como envasados que se conservan al máximo las propiedades y características de la fruta. Una de sus productos deliciosos: Paté di oliva ascolana tenera (pulpa di aceituna: 80%).

El restaurante Osteria Ophis (Offida) ha logrado conseguir un merecido reconocimiento gracias a la creatividad expresiva e identidad propia. Su carta, que varía estacionalmente para aprovechar los productos frescos de temporada de la huerta local sorprenden por sus estilo y sabor natural. Una de sus especialidades: Taccù al sugo di magro (un tipo di pasta con salsa de tomate y atún).