Desde Salamanca, España especial para LYG Disfruta Hoy

Parece que cada vez hay más gente interesada por el vino natural y también es notable que con el paso del tiempo un mayor número de productores viene apostando por él. Es cierto que en los últimos años esta tendencia ha ido evolucionando debido sobre todo a la creciente preocupación de los consumidores por ser más selectivos en su forma de alimentarse sanamente. Se trata de un fenómeno que presenta un importante potencial para la elaboración de este tipo de comidas y bebidas que buscan el cuidado del medio ambiente y quieren demostrar la pureza expresiva del fruto de la planta en su terruño. Es decir, al elaborar un vino natural se aspira a reducir al mínimo la intervención humana tanto en la obtención de la uva en el viñedo como en las técnicas de trabajo en la bodega.

 

Todos los que han podido conocer productores de vinos naturales comparten la opinión de que ellos, casi sin excepción, se sienten identificados plenamente con los principales valores de esta práctica, como honestidad y transparencia, y trabajan con tesón y entusiasmo para lograr que el resultado sea una expresión fiel del terruño. Se comprometen incondicionalmente a forjar y expresar sus convencimientos sobre el respeto hacia el entorno natural y las prácticas originarias de elaboración.

Una de las bodegas que viene enfrentando el desafío de producir estos vinos conjugando pasión y calidad es Almaroja, en España, en el precioso pueblito de Fermoselle, situado en la comarca de Sayago, en cuya cercanía confluyen las aguas de los ríos Tormes y Duero. (Está dentro de los límites del espacio natural de los Arribes que le da nombre a la denominación de origen de sus vinos.)

Su propietaria es Charlotte Allen, una inglesa que hace poco más de una década ha lanzado este proyecto personal que le ha permitido aventurarse aún más profundamente en el mundo del vino. Después de dejar atrás sus puestos anteriores de trabajo (viticultora y enóloga itinerante) y al establecerse en este lugar que le ha impresionado por su belleza salvaje, ha iniciado una nueva etapa en su vida elaborando sus propios vinos con el respeto a lo natural y el mínimo de intervención.

József Kosárka y Charlotte Allen

Aquel lugar se constituye en una penillanura evolucionada y presenta un relieve muy accidentado. Los suelos son poco profundos, de textura arenosa con piedras de granito y cuarzo sueltos, así como de escasa materia orgánica. El subsuelo pizarroso actúa de regulador térmico entre el día y la noche, permitiendo una mejor maduración de la uva. El clima es continental, con una notable influencia atlántica y rasgos mediterráneos en los valles de río escarpados. Las precipitaciones se producen a lo largo del ciclo vegetativo y abundan las horas de insolación por las inclinaciones del terreno. Los viñedos cuya mayoría tiene decenas de años se encuentran en distintas altitudes y exposiciones, entre los 120 y 810 metros de altura sobre el nivel del mar y se caracterizan por la atomización de las parcelas.

Ella cuenta con unas 4 hectáreas productivas (más 1 que será replantada próximamente) de viñas viejas de entre 50 y 110 años que abarcan varias parcelas distintas situadas entre los 550 y los 800 metros de altitud. Viene cultivando más de una docena y media de variedades como las malvasía, moscatel, godello, puesta en cruz, albillo real, palomino fina; juan garcía, rufete, tempranillo, mencía, garnacha, tinta madrid, bastardillo chico, bastardillo serrano, tinto jeromo, gajo arroba, garnacha tintorera, verdejo colorado. La mayor superficie corresponde a la juan garcía, una vinífera tinta –presumiblemente prefiloxérica– que está presente tradicionalmente en las provincias de Salamanca y Zamora.

(Esta última se ha adaptado bien al clima cálido en lugares abancalados y terrazas en las laderas del valle y ha desarrollado buena resistencia a enfermedades provocadas por hongos. La planta es vigorosa y obtiene buena fructificación. Los racimos son de tamaño medio y compactos, las bayas son de piel fina y pulpa blanda jugosa. En la mayoría de los casos, con ellas se produce vinos varietales de color púrpura brillante y de aromas sútiles a frutas rojas con notas balsámicas que en boca son de ataque suave con buena frescura y presentan buen equilibrio.)

Según su opinión, la juan garcía es “una variedad muy caprichosa, tanto en la viña como en la bodega, pero con mimos y paciencia puede dar algo salvaje e intenso que a la vez es excepcionalmente elegante y equilibrado, aún con sus 14 a 15 grados de alcohol. Nunca le falta la acidez que garantiza un fresco paso en boca y su vida larga”.

La producción anual de Almaroja oscila entre las doce y quince mil botellas. En el proceso de elaboración de sus vinos, Charlotte Allen viene brindando toda su dedicación y manteniendo su firme vocación en transmitir el buen hacer de su trabajo con mirada propia sobre el desafío de asegurar la calidad y la autenticidad. Al ser preguntada sobre su compromiso con esta labor audaz, ella contesta que hoy “hay demasiados vinos naturales defectuosos en el mercado, que intentan justificar su presencia despotricando contra el empleo del sulfuroso. Ya es el momento de poner en evidencia estos vinos y empezar a exigir más calidad y menos retórica. Solo así los vinos naturales podrán acaparar un mayor segmento del mercado”.

En cuanto a las perspectivas, afirma que “los vinos de calidad que llevan sellos de pequeñas denominaciones de origen ahora mismo tienen el viento en popa. Hay mucho interés por las variedades desconocidas y por vinos con alma que hablan de donde vienen y no de la levadura aplicada o el tipo de madera de las barricas utilizado”.

Ella contagia su entusiasmo y pasión a los turistas que visitan su bodega antigua excavada en las paredes rocosas de una calle empinada del casco viejo de Fermoselle en la cual pueden degustar sus vinos directamente desde las barricas y con copa en mano también verse en el agua de un aljibe. A pocas cuadras de ésta, en la sala de cata “La discoteca” se les ofrece los embotellados (4 tintos, 1 rosado, 1 blanco) en un ambiente informal. El tinto “Pirita Crianza” de la añada de 2013, que impresiona a todos, ha sido elaborado a partir de un abanico de 9 variedades y ha pasado entre 11 y 18 meses en barricas de roble francés. Esto muestra un color rojo intenso, en nariz se presenta expresivo con aromas de frutas rojas y un delicado toque especiado, con el paso por la boca se manifiesta expresivo y elegante con buena acidez y taninos delicados.

Es de esperar que el enoturismo de la zona sumará aún más visitantes puesto que la Ruta del Vino Arribes acaba de ser certificado por la autoridad competente (ACEVIN). También llaman la atención una y otra vez los vinos locales galardonados en el concurso internacional Vinduero-Vinduoro celebrado anualmente en Trabanca que se ubica a unos 10 kilometros de Fermoselle.

En los viñedos de una superficie de unas 250 hectáreas inscritos en el registro del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Arribes la cantidad de uva producida en 2017 rondó las mil toneladas. Ese año cerró con un récord de ventas demás de medio millón de botellas, un 27% más que en el anterior. (Aquellos de crianza representan el 56% del volumen total) Se estima que la cosecha de la campaña de 2018 será similar a la de las recién pasadas.

 

20.09.2018 Dr. József Kosárka ©